Dos: Jim Amaral y Olga de Amaral

Exposición colectiva

11 Mayo - 17 Julio, 2017

Jim y Olga /Olga y Jim

I
El arte audaz del siglo XX se caracterizó según han señalado numerosos estudios, por ser subversivo, indócil, contestatario, por no aceptar los paradigmas existentes ni los cánones o establecimientos. El arte de las vanguardias estremeció los cimientos mismos del arte y su definición, redistribuyendo fronteras, énfasis, conceptos y tareas. 

Continuando con esa idea, podría afirmarse que una de las más transgresivas acciones de las vanguardias históricas fue poner bajo sospecha la concepción misma del artista como sujeto individualista. Algunos autores adjudican al Romanticismo la responsabilidad de haber construido esa idea, en el marco de la cual, el artista, sujeto autosuficiente, se establecía en su soledad y desde allí y en parte gracias a ello, desarrollaba su potencial creativo y genial.  En contraste, los artistas que hicieron parte vital de las vanguardias históricas propendieron por buscar colegas, por formar grupos, por identificar búsquedas comunes y trabajarlas de forma colectiva, participando los unos de las preguntas y ansiedades de los otros, armando de forma conjunta los manifiestos, las aventuras editoriales, las iniciativas expositivas, las luchas políticas y debates ideológicos.  Las segundas vanguardias, a su vez, recogieron aspectos vitales de las iniciativas de sus antecesores, retomaron parte de esas  batallas estéticas y éticas, y las dieron precisamente, desde la conformación de colectivos y agrupaciones.  Y esto pasó en lugares tan diversos como Osaka, Buenos Aires, Barcelona, Bogotá o Nueva York. 

En ese sentido, recientemente, textos y compilaciones de ensayos han reparado en una particular conformación de la idea de colectivo: el constituido por parejas artísticas y afectivas. Al respecto, se han realizado revisiones acerca del trabajo en equipo que conformaron Giorgia O´Keeffe y Alfred Stieglitz; Lola Alvarez Bravo y Manuel Alvarez Bravo. Se han hecho cuidadosas revisiones acerca de la dinámica vitalista y solidaria que constituyeron Niki de Saint Phalle y Jean Tinguely o la tensa pero fértil relación de Diego Rivera y Frida Kahlo, esto por mencionar algunos ejemplos ya historiados. Sería interesante resaltar como, en todos los casos mencionados, la obra de los integrantes de la pareja, tiene una especificidad que la hace completamente singular respecto a la de su compañero/a quien es, no obstante, interlocutor/ra; con quien desarrolla proyectos conjuntos, pone a andar iniciativas. De esta manera, la dialéctica constituida por diferencias y proximidades, será precisamente parte del clima creativo y estimulante que produce esa articulación singular.  

Es este último caso el de Olga de Armaral y Jim Amaral.  Juntos desde la década de los años sesenta, emprendieron y desarrollaron de forma simultánea sus destacadas carreras, codo a codo, hasta lograr hoy cada uno un corpus de obra robusto y consolidado, reconocido en los distintos continentes. 

Dado que mucho se ha escrito sobre la obra de cada uno por separado, quisiera señalar algunos aspectos en los cuales hallo lugares profundos de sincronía, rastros comunes, búsquedas que presentan puntos de conexión entre ambos artistas.

II
Pienso que las piezas escultóricas de Jim Amaral producen la sensación de estar conectadas con los avatares del arte contemporáneo tanto como presentan estrechas relaciones con la escultórica antigua. El bronce de Etruria, las producciones de las civilizaciones del bronce del norte y centro del Africa o la estatuaria renacentista coexisten en sus personajes híbridos, en sus cráneos enmascarados. Las enigmáticas arquitecturas-cajas-máquinas de sonar precipitan asociaciones entre las producciones de civilizaciones antiguas y los artefactos simbólicos de un arte cosmopolita y contemporáneo.  De la misma manera, las piezas instalativas escultórico-pictóricas de Olga de Amaral se han conectado profundamente con los tejidos precolombinos, con las prácticas vernáculas y campesinas del tejido, de la alfarería, de la cestería, de la arquitectura. Del Japón tomó con entusiasmo y asombro el sentido de la forma, del color y del silencio, el interés por lo defectuoso y “lo imperfecto” a ojos occidentales. En los muros o estelas hacen presencia las investigaciones alquímicas, las piezas votivas y rituales tanto como las vanguardias del diseño.  En las hojarascas y marañas, se expresa el interés por el espacio y el territorio, por las formas naturales en diálogo con las culturales, interés, por otra parte, presente en numerosos dibujos y pinturas de Jim. 

En esa medida, veo en la producción artística de ambos artistas, orbitar la idea de una obra que está conformada por capas a la manera de un palimpsesto, en donde en una pieza tridimensional o en una de superficie, palpitan capas de significado provenientes de diversos universos míticos, sacrales y rituales, en los que los intereses por las producciones simbólicas del pasado se conectan vivamente con resoluciones y respuestas del presente más activo.  

III
Por diversos caminos Olga y Jim se han interesado por el  artefacto, por el objeto manufacturado, por la relación entre el uso, la forma y el material. La sabiduría requerida para desarrollar un oficio exquisito, que minuciosamente resuelva temas como textura, color y forma, plantea problemas y preguntas antiguas, que se debió hacer un alfarero griego, uno Tumaco o uno Chimú. Esa admiración por el objeto, por la cosa, espacializada, utilitaria o no, forma parte del erudito bagaje cultural que ambos, empleando distintas estrategias y repertorios, vuelcan en su obra. 

IV
Entiendo profundamente enraizado con el problema del objeto y la resolución de preguntas primordiales como peso, densidad y resistencia, el uso en ambos artistas de oficios cuya presencia en la historia del humano es fundamental y se pierde en el atrás de los tiempos. Estos oficios han sido transformados a través de la conexión con técnicas recientes, mixtas y en ocasiones, transculturales. En el caso de la escultura vaciada en bronce o de la tejeduría, ambos artistas no han dudado en inyectarle a esos oficios  conocimientos provenientes de otras disciplinas o de técnicas y sustratos de reciente aparición como lo ha sido la incorporación del gesso en la obra de ambos, o en el caso de Olga de Amaral, el empleo de papel japonés y de pinturas acrílicas. Así, el oficio de ambos artistas es hoy una forma híbrida, explorada e investigada, particular en cada uno, en la que tradición, hibridación, técnicas de diversas culturas y técnicas contemporáneas hacen presencia. Este híbrido, resultado de la experimentación, forma parte del sustrato que produce en ambos corpus la intuición de ser territorial, de raigambre, y a la vez ser propio del mundo.  

Después de más de 45 años de presencia en el arte nacional e internacional, se presenta en esta muestra de Olga de Amaral y de Jim Amaral, una selección de obras que no conforman necesariamente una retrospectiva, pero que si trazan una juiciosa revisión de piezas indispensables para la lectura de sus decursos artísticos.

En esta exhibición se hacen visibles las articulaciones que gestan las operaciones de pensamiento y las materializaciones presentes en la obra plástica de ambos artistas, poniendo en escena lo que cada una tiene de singular  y característico pero, igualmente, el guión curatorial deja ver en qué zonas los trabajos se complementan y dialógicamente, producen entretejidos y enlaces.

Por Ana María Lozano

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