Fósiles en movimiento y avistamientos temporales

Alejandro Tobon

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Alejandro Tobon

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Alejandro Tobón

08 Noviembre - 02 Diciembre, 2019

Conceptos claves: contradicción, monstruo, supervivencia, fósil, tiempo

En la orilla, un troco grande y mohoso; su tamaño se acerca a una imagen conocida: la vértebra y su longitud. A pocos metros: edificios antiguos, columnas barrocas, una iglesia pálida y solitaria y una virgen negra. En la esquina, una casa amarilla; en su interior, un mueble, dos armarios y las patas de una cama. Cerca, una antigua plaza de toros en reconstrucción. Desde allí, Cartagena; su vejez es la tenacidad de la historia. Entre las capas de la tierra, un monstruo imperceptible pero latente; bajo los pies, el movimiento de lo que algún día fue, pero es. Como un encuentro inesperado, Cartagena es el tiempo y la cultura o, la historia y el contexto que invocan un territorio entero. Y fue en esta ciudad, donde todo comenzó. Comenzó para El Cronista y para esta exposición. Desde entonces, El Cronista es el encuentro de dos piezas – la vértebra y el cometa–, en tanto pone en evidencia una superposición de tiempos. Por lo cual, el proceso de su creación conlleva al destiempo y a la transformación, manifestando un desplazamiento temporal; por eso la fusión de dos obras del pasado, pero que se transforman en el presente. Esta supervivencia más que fortuita, es la que devela el movimiento del tiempo en la creación; y lo relevante no está en la genialidad como sinónimo de creación, sino en el proceso de ésta misma y más aún, en el acercamiento al objeto desde su contemporaneidad.

Como tal, El Cronista es la figuración plástica del “combate con el monstruo”, el “drama psíquico”, superpuesto a una mera representación sobre seres fantásticos. De modo que la obra es el símbolo, es la contradicción que se origina de diversas maneras y en diferentes tiempos, reconociéndose como síntoma. Es decir que, aunque El Cronista es ese monstruo que se asemeja a los seres fantásticos descritos por los cronistas de Indias, en esencia, es la disputa continua en el territorio y en la cultura. En este sentido, los relatos e imágenes sobre seres monstruosos, exponen el choque entre dos mundos – Occidente y América Latina –, el encuentro con la otredad; la hibridación desde la fabulación. La mezcla entre mitología y exotismo, imaginación y razón, que revelan a la contradicción y sus supervivencias. Esto que persiste, que se expresa en el presente de múltiples maneras – en lo individual y en lo colectivo –, “es el tiempo que no se limita a fluir: trabaja. Se construye y se derrumba, se pulveriza y se metamorfosea. Se desliza, cae y renace. Se entierra y resurge. Se descompone y se recompone: en otras partes o de otro modo, en tensiones o en latencias, en polaridades o en ambivalencia, en tiempos musicales o en contratiempos” (Huberman, 2013, p. 288). De aquí que El Cronista sea el “retorno de lo sepultado, un elemento de memoria inconsciente, tenaz y petrificado como un fósil, que resurge en la superficie con motivo de cualquier causa ocasional” (Huberman, 2013, p. 304).

Si bien el cronista de Indias estaba centrado en registrar y comunicar sobre la geografía y las costumbres del Nuevo Mundo, en sus crónicas no solo existía una simple recolección de información o una mera actitud curiosa y contemplativa, sino además, etnocentrismo. Por lo cual, la yuxtaposición que se despliega en narrativa y figuración, convoca a través de un entramado psíquico, contradicciones ideológicas, culturales y políticas que devienen futuro, presente y pasado. Es decir, “el combate con el monstruo” (Kampf mit dem Monstrum) en nosotros mismos; el “drama psíquico” (Seelendrama) de la cultura entera; el nudo “complejo y dialéctico” (Complex und Dialektik) del sujeto con ese misterioso Monstrum definido en 1927 como “una forma causal originaria” (Urkausaliltatsform). Tal fue, a ojos de Warburg, la fundamental e “inquietante dualidad” (umheimliche Doppelheit) de todos los hechos de cultura: la lógica que hacen surgir deja también que se desborde el caos que combate; la belleza que inventan deja al mismo tiempo que se asome el horror que rechazan; la libertad que promueven deja vivas las coerciones pulsionales que tratan de quebrar” (Huberman, 2013, p. 259). Es decir, la interiorización que se vuelve paisaje y conducta en la contemporaneidad, tanto en el recuerdo del pasado como en la experiencia en el presente y en la latencia en el futuro. Dicho de otra manera, la supervivencia de un estado contradictorio en diferentes capas temporales. 

Es por eso que esta exposición explora la contradicción por medio de tres obras que interpelan la identidad latinoamericana más allá del esencialismo o el purismo, reconociendo una disputa continua en el territorio y en la cultura. Lo cual pone en evidencia, el cuestionamiento a la comodidad y a la pasividad, entendiéndose desde el presente la contradicción como vehículo para la reafirmación y la deconstrucción. De modo que Los Cronistas son la figuración plástica del “combate con el monstruo”, el “drama psíquico”. Y “Figuración plástica no quiere decir aquí que una idea abstracta haya encontrado su adecuada metáfora visual o su “imagen literaria”, sino que una energía se ha corporeizado por sedimentaciones del tiempo, se ha fosilizado y, sin embargo, ha conservado todo su poder de moverse, de transformarse” (Huberman, 2013, p. 320). La obra Ley 1-68 es también la manifestación de la contradicción, pero hecha territorio: “los tiempos supervivientes no son tiempos desaparecidos, son tiempos enterrados justo bajo nuestros pasos y que resurgen haciendo tropezar el curso de nuestra historia” (Huberman, 2013, p. 305). De manera que el monstruo en tanto ser fantástico e historia, se devela como fósil, pues supone “formaciones psíquicas” que pueden pertenecer a una misma época, a “una misma capa”, aunque se les puede encontrar en lugares completamente separados entre sí. En efecto, “una vida dormida en su forma” que se despierta, se mueve, “retorna aquí y allá, de una manera errática pero obstinada, de tal forma que en cada retornose le reconoce, aunque sea transformado, como una soberana potencia del Nachleben (supervivencia)” (Huberman, 2013, p. 304).

Laura Giraldo Hoyos

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