LAS CERCAS NO SE CONSTRUYEN SOLAS

Rafael Gomez Barros

18 Octubre - 22 Octubre, 2018

Texto escrito por Emilio Tarazona

Entre los enfoques constantes en la obra de Rafael Gómezbarros se encuentran las fronteras o límites (físicos y simbólicos) demarcados en los territorios, así como el despojo, migración y desplazamiento forzados que hacen parte de las dinámicas de dominación que se inscriben sobre ellos. En las propuestas que presenta aquí, incorpora a esta vía o preocupación elementos que normalmente, se piensa, han contribuido enormemente a atenuarlas o desdibujarlas, permitiendo cierta proximidad allí donde se han impuesto las distancias: fragmentos de dispositivos vintage que hacen parte de la denominada era de las tele-comunicaciones (o, más recientemente, de la información) y estructuras que permiten pensar el lindero entre lo visible y lo invisible.

Se trata de tres series compuestas de retículas de distintos materiales y usos, que hacen conceptualmente énfasis en la idea de conexión (o desconexión). La serie “Tramar” reúne, sobre un esqueleto empleado en la construcción de muros de cemento, un conjunto de cables de cobre usados en telefonía: aquellos que reemplazaron a los cables del telégrafo y empiezan a desaparecer también, sustituidos por la fibra óptica que transmite hoy, a través de pulsaciones de luz, el flujo de datos de Internet. La aceleración que ha permitido la aplicación de las tecnologías y el conocimiento ha puesto, como lo ha dicho el recientemente fallecido Paul Virilio, la velocidad como motor del progreso y simultáneamente, del accidente (o el desastre). Una contrariedad que nos insinúa que, aún cuando el mundo se ha hecho más pequeño en el imaginario globalizado de la circulación informática casi intangible, no ha dejado de demarcar divisiones concretas y muy visibles que han sido y son útiles a los imaginarios de la guerra. ‘Tramar’ significa tanto ‘urdir’ o ‘tejer’ como ‘conspirar’, manteniéndose oculto: pensemos en el rol de la confidencialidad (la encriptación e interceptación) como aspectos decisivos que tienen lugar en los enfrentamientos.

Las mallas de metal revestidas en plástico de “Construyendo cercas” son también un modo de insinuar que, al separar espacios, lo que se disponen, ambiguamente, son lejanías (que no acercan): estas, superpuestas entre sí, crean ritmos y sombras donde las figuras se forman accidentalmente y donde la mirada puede cruzar o quedar detenida. Y, por último, la serie realizada con redes de plástico cuyo título da nombre la muestra: un conjunto de piezas que densifican zonas en capas, aquellas más superficiales y otras más profundas o inaccesibles, que copian las láminas con manchas gráficas utilizadas en psicoanálisis para el diagnóstico de la personalidad (“test de Rorschach’). Asociaciones libres y zonas inconfesadas (u oscuras) que, al tiempo que delatan la pequeña o gran neurosis que todos llevamos dentro (o en algunos casos, la psicosis potencial), revelan el funcionamiento de la mente como una suerte de cableado: red de complejas sinapsis que conducen información y, por lo mismo, son también susceptibles de interferencias, abruptas desconexiones y alguno que otro cortocircuito.

 

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