Reflexiones de confinamiento
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Exposición colectiva

04 Diciembre - 16 Enero, 2021

Liliana Merizalde 
Yolanda 


Mi tía se llamaba Yolanda y en algunas de estas fotos debía tener más o menos la edad que yo tenía cuando ella murió: 12 años. La quise muchísimo pero siento que la conocí poco. Tengo presente el amor profundo y desbordado que nos dio a mi hermano y a mí, también a mi padre y por supuesto a mi abuela. También tengo presente otras cosas: que su forma de correr era corno la mía, con las rodillas hacia adentro y los pies hacia afuera, que para resistir a la pesada enfermedad que la postró dos años en cama se alimentaba de nuestras cartas con dibujos y del tiempo que pasábamos con ella, que su color favorito era el café miel y su material para vestirse la pana. Nunca supe cuales eran sus sueños, sus anhelos más profundos, sus miedos, por eso cuándo miro sus fotos trato de adivinarlos en cada una de las miradas que le regaló a la cámara. Este proceso hace parte de esa búsqueda por saber más de ella, por adivinar e imaginar lo que nunca me contó. Cada nueva imagen que construyo para este proyecto, me trae una sensación de vacío en el estómago y al mismo tiempo, un alivio. Presencia y ausencia coexisten, así corno lo hacen también "lo vivo" y "lo fallecido", lo orgánico y lo inerte. Es corno si con cada imagen mi tía naciera de nuevo pero también muriera de nuevo. La presencia y la ausencia se necesitan y se alimentan. Entre más trato de comprender a mi tía, más se escapa. Y es este juego el que me atrapa, la ilusión momentánea de responderme materialmente alguna de esas preguntas trascendentales irrespondibles. Escojo entonces volverme materia, archivo, papel, tierra, grano, flor, algo desprendido y a la vez enraizado, para entrar en la grieta del tiempo y tocar ese balance entre la dualidad de este plano; y tal vez por un segundo, solo por un segundo permitirme pensar todo, incluso la muerte, corno algo relativo. 

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Ovidio González 
Viaje al Centro de la Tierra 


Encerrado en casa comprendí que tan frágil es la vida y que tan susceptible pueden llegar a ser el miedo y la ansiedad. En Colombia no sabemos con certeza cuándo llegó el COVID-19 a nosotros, lo cierto es que el 25 de marzo de 2020, inició lo que para muchos era un mundo desconocido, lo que el imaginario colectivo tradujo en medios como quedarse en casa, lo que muchos adoptamos a las malas como una pausa. En casa vi los diarios y los noticieros ilustrando la realidad del exterior, viví el caos en todos los almacenes, me quedé sin algunos víveres, sin mencionar alcohol y anti bacterial-el cual no se conseguía en ningún lugar-. Pasamos 156 días de cuarentena, y mientras el tiempo-alargado y eterno-pasaba, veía a mi pequeño hijo cada vez evidenciando más síntomas del encierro, la pérdida del sueño no solo la estaba viviendo yo, y la actitud le estaba cambiando por completo. 
En ese contexto hicimos un trato, emprendimos un viaje fantástico hacia un lugar seguro. Construimos un túnel del tiempo con sábanas, recorrimos selvas en nuestro jardín, nos volvimos los amos del tiempo y el espacio. Planeamos llegar al centro de la tierra, viendo las estadísticas, y retomando algunos cálculos que plantea Julio Verne, concluimos que el COVID-19 no llegaría al núcleo de la tierra debido a la densidad y las altas temperaturas, así que emprendimos este largo viaje. Nunca me imaginé que viajar en el tiempo fuera tan complejo, el túnel de sabanas que construimos nos llevó al cuarto de un Tiranosaurio Rex que crecía con la luz, nos llevó a extensas llanuras de patio donde caminaban hermosos y gigantes elefantes. Durante el viaje, vimos cómo las estrellas de pronto se posaron en el baño y pudimos de repente jugar con ellas. Al pasar los días nos sumergíamos mucho más hacia el seguro núcleo terrestre, siempre llevábamos con nosotros un tapabocas especial que nos cuidaba del virus, gel anti bacteria! y algo de alcohol. Un día encontramos un pequeño planeta azul con carita feliz y un perro de peluche que nos acompañó una buena parte del viaje. Muchas aventuras fantásticas pasaron durante esos 156 días, este viaje al centro de la tierra durará por lo menos 6 años más, mientras la mente de mi pequeño hijo madura y se convierta en un adolescente que no recordará cómo funcionaba aquel túnel de tiempo. 
Viaje al centro de la tierra, nace de la necesidad como padre de sacar a mi hijo del encierro de cuarentena, habla de lo duro que fue este proceso, reflexiona sobre la paternidad y el cuidado de nuestros hijos, así como también de cómo los imaginarios sirven como pedagogía con los niños. Es un imaginario basado en el libro de Julio Verne, abierto y sincero, que nos hace cómplices a mi hijo y a mí. 

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Andrés Orozco 
Formas aceleradas

Durante el confinamiento estuve recolectando diversos materiales de envío de paquetes de distintas características. Estos elementos se han vuelto primordiales durante la cuarentena debido a su frecuente uso, para envolver y proteger los artículos que compramos a través de internet. La inmediatez a la que estamos acostumbrados nos ha llevado a convertirlos en objetos de un solo uso, posteriormente desechados, generando contaminación y desperdicio. Así, este proyecto busca descomponer estas materias primas y a partir de ahí crear diversas formas, objetos casi escultóricos, reutilizando estos elementos para alterar su estado natural. 

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Lina Botero 
Paisajes de un Gesto sin Caricia 


Los gestos ahora son acciones lejanas. Se tergiversan en sonidos agudos que atraviesan la pantalla. Que no suenan a la voz que acaricia. Que no suenan familiares pero que provienen de lo conocido. Esto es lo más cercano al encuentro. A la representación del sentimiento que no habita la casa. Al menos no en conjunto de voces pero sí en acciones compartidas. La lejanía es abatida cuando la mano se toca la boca, cuando el ojo llora,cuando decimos lo que sentimos frente a un lente que recibe una mirada del otro lado de la ciudad, del país, del continente. 


Estas son las llamadas acumuladas durante días y noches de conexión permanente. Son una colección de gestos que reconfortan a la vez que asustan. Son las múltiples formas de vernos al espejo y entendernos semejantes. Llorar de forma semejante, sentir de forma semejante,compartir lo ausente. Una conexión diferente con el tiempo de los otros porque las otras formas de los encuentros ahora son prohibiciones. Es el exceso de tiempo compartido cuando los espacios dejaron de coincidir. 

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Julián RL 
Hora cero 

Empezaba el vigésimo año del nuevo milenio. El ser humano inmerso en una vertiginosa carrera sin pausa, veía el futuro corno una promesa de felicidad. Y de repente todo se detuvo. El mañana era incierto y las personas hasta entonces sin tiempo, lo tuvieron que enfrentar. Mirarlo por primera vez de frente en el silente encuentro íntimo del yo, nos permitió reconocernos de alguna manera distinta. La fragilidad y el caos que conviven dentro de nosotros salieron en un diálogo espasmódico, confuso y un tanto amorfo, donde el ahora devenía corno única certeza y volver al origen, nuestra nueva cotidianidad. 

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Nathalie Ospina 
Kikai -


Kikai significa oportunidad. Este proyecto nace de las inquietudes internas que surgen al pasar tiempo en el hogar, aprovechando la cuarentena para experimentar con espacios y objetos en casa. Kikai se convirtió poco a poco en un hábito semanal para reflexionar y ejercitar métodos creativos con fotografía. Junto con dos compañeras fotógrafas, utilizamos como detonantes para la ideación 6 palabras al azar (que he denominado "dados de palabras") para escoger una combinación de ellas y crear una fotografía durante la semana. Este proceso ha evolucionado y continúa incluso hoy, donde ahora exploro a profundidad conceptos o expresiones idiomáticas, y según lo que hacen resonar en mí, busco transmitir lo invisible de manera fotográfica. 


La selección de imágenes refleja mis ejercicios personales para sugerir historias íntimas, estados de ánimo, sueños y recuerdos, utilizando materiales del hogar. Mi casa se ha convertido en un estudio fotográfico en el que modelo y estudio la luz natural para crear con cuidado la imagen. 


Las fotografías son autorretratos que indagan en el mundo femenino que, para mí, posee una profundidad psíquica particular que merece ser explorada y manifestada hacia el exterior. Las ideas "latentes" que surgen con las palabras se vuelven imágenes, valiéndome de espejos, bocetos y estudios de luz. 

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Obras

Paisajes de un gesto sin caricia Fotografía digital impresa sobre velo  /  2020
200 x 150 cm
Paisajes de un gesto sin caricia Lina Botero
Semana 10 (Pez, garganta, madera), de la serie “Kikai” Fotografía  /  2020
30 x 24 cm
Semana 10 (Pez, garganta, madera), de la serie “Kikai” Nathalie Ospina
Semana 12 (Laberinto, hipnotizar), de la serie “Kikai” Fotografía  /  2020
25 x 25 cm
Semana 12 (Laberinto, hipnotizar), de la serie “Kikai” Nathalie Ospina
Semana 5 (Media, mejilla remolacha), de la serie “Kikai” Fotografía  /  2020
25 x 25 cm
Semana 5 (Media, mejilla remolacha), de la serie “Kikai” Nathalie Ospina
Semana 6 (Harina, cobija), de la serie “Kikai” Fotografía  /  2020
30 x 24 cm
Semana 6 (Harina, cobija), de la serie “Kikai” Nathalie Ospina
Sin Título Fotografía  /  2020
15 x 20 cm (c/u) Edición de 5
Sin Título Ovidio González

Carrera 10 No. 94A-25 | Mapa

Tel. +(57) 1 601 9494

Email. info@galerialacometa.com

Bogotá, Colombia